

Es concebida como aquel conjunto de formas, modos de proceder y acciones concretas que toma la acción administrativa, tanto organizacional como pedagógica, al interior de nuestro colegio; para poder desarrollar los objetivos que éste persigue con eficiencia y eficacia, desde una perspectiva cristiana de valores, expresada en relaciones de respeto y apertura al proceso de desarrollo de las personas.
Pretendemos un modo de organización educacional en el que exista un adecuado equilibrio entre el diálogo y la consecución de nuestras metas como colegio, en todas las áreas del quehacer escolar.
Los procesos de comunicación y traspaso de información al interior del colegio deben ser expeditos y adecuados a los requerimientos de un ambiente de claridad, respeto y consecución en cada área de los objetivos que se desean lograr.
La Dirección del colegio y sus distintos niveles organizacionales, impulsa el respeto por la estructura organizacional y el uso de los conductos regulares en los procesos de información y toma de decisiones.
El planificar-hacer-revisar es también una forma de trabajo en cada uno de nuestros niveles para lograr una buena gestión, por lo que se desarrolla un proceso de evaluación permanente de nuestro estilo de trabajo, de los objetivos educacionales, del desempeño docente y de los planes estratégicos de desarrollo institucional.
La Dirección del Colegio Santa Cruz está compuesta por un equipo de profesionales cuya misión fundamental es servir y acompañar a las personas que están a su cargo, constituir un equipo que permita la sinergia de sus acciones conjuntamente con velar por la calidad de nuestra propuesta pedagógica y velar por los objetivos de su área.
El Equipo de Dirección está conformado por los encargados de las siguientes áreas de trabajo:
El docente animará al alumno hacia el logro de la autonomía, proponiéndole medios, instrumentos y experiencias educativas que permitan al niño/joven su encuentro con Dios, con los demás y con su mundo.
Entendido como un verdadero clima de comunidad educativa y de vida, es aquel estado de relaciones del conjunto de personas que conforman nuestro colegio, que debe impregnar todo nuestro quehacer como organización, en el que queremos promover el “aprender a convivir”, con actitudes de: acogimiento, calidez, transparencia y asertividad en todas las relaciones interpersonales, construyendo así una verdadera vida comunitaria, en pos de nuestros objetivos comunes.
Para desarrollar este clima educativo, se requiere que alumnos, profesores, administrativos, auxiliares y padres de familia estén de acuerdo en algunas actitudes básicas:
El alumno, de acuerdo a su nivel de madurez, es una persona capaz de aprender a descubrir el mundo, a resolver sus problemas y tomar decisiones, en un proceso constante, de interrelación con su medio y de formación de su voluntad y carácter.
Es una persona capaz de formarse en una fuerte convicción de sus principios, por el amor profundo a la fe católica, reconociendo a Jesús en los demás, y asumiendo responsablemente el compromiso de ser hijo de Dios. Por lo mismo también será una persona alegre, conocedora de sus virtudes y limitaciones, optimista, emprendedora y comprometida. En el ámbito del aprendizaje, será un individuo inquieto intelectualmente, con espíritu crítico, que sabrá utilizar los conocimientos aprendidos para resolver problemas nuevos, plantearse hipótesis, expresando su creatividad y dando valor a las iniciativas propias y a las de los demás. Adquirirá progresivamente un auto imagen realista, una visión positiva del mundo a través de todo su quehacer y una capacidad de expresar su interioridad y de trascender en una búsqueda activa de Dios.
El docente es orientador, facilitador, animador, guía cuidadoso del proceso de aprendizaje y respetuoso de las diferencias y realidades personales. Sabe que los niños y jóvenes esperan de él una guía segura y un modelo consistente, capaz de motivar y exigir, de comprender y dirigir, y sobre todo, de responder adecuadamente a las distintas situaciones de la vida escolar. Su función va más allá de la mera transmisión de conocimientos.
Animará al alumno hacia el logro de la autonomía, proponiéndole medios, instrumentos y experiencias educativas que permitan al niño/joven su encuentro con Dios, con los demás y con su mundo. Conocedor de la cultura juvenil e infantil, el docente procurará desarrollar un clima cálido que permita al alumno encarar con alegría y esperanza su proceso de formación personal. Para esto el docente estará permanentemente perfeccionando sus competencias pedagógicas y humanas y alimentando su vida espiritual.
Los padres desde su condición natural de primeros responsables de la educación de sus hijos, se preocuparán por conocer este modelo educativo y comprometerse Con él. Aceptarán a sus hijos como son, respetando sus capacidades y ritmos, conociendo sus talentos, reforzando lo que pueden dar, ayudándoles a descubrirse a sí mismos, y mostrándose ante ellos como modelos de vida. Los acompañarán en su crecimiento en la fe y los invitarán a vivir en familia los valores y actitudes fundamentales compartidas con el Colegio. Se preocuparán de su propia formación como adultos y padres de familia participando en la vida de la comunidad educativa a través de instancias pastorales y formativas, en busca de una armonía profunda entre la escuela y el hogar.
Los administrativos y auxiliares, se preocuparán por conocer este modelo educativo y comprometerse con él, ya que también influyen en la formación de los alumnos. En nuestro colegio, todos estamos llamados a ser educadores en el lugar y tarea que realicemos. En ese sentido, son modelos de vida y servicio que forman parte activa de la comunidad educativa. Para esto, estarán permanentemente perfeccionando sus competencias técnicas, profesionales y humanas, y alimentando su vida espiritual.