

Desde un inicio hemos adscrito a un enfoque pedagógico denominado High Scope, que busca el pleno desarrollo de cada niño, según su etapa de vida y como gestor de sus aprendizajes. Este proceso está abierto a la incorporación de todas aquellas propuestas y experiencias pedagógicas pasadas, presentes y futuras que respeten la capacidad de cada niño(a) por aprender y de crear conocimiento a partir de su realidad y en confrontación con el medio.
Es un Proyecto Pedagógico que afecta desde lo Organizativo a lo Curricular, desde lo Pastoral a lo deportivo. Es un estilo, una forma con una clara dimensión antropológica que desea ser una respuesta integral a la formación de un niño (a), de un joven, frente a la realidad del mundo que están viviendo y que les tocará enfrentar en el futuro.
En el respeto por la dignidad de cada niño y en la conciencia de que en definitiva es él quien va gestando su respuesta a la misión que Dios ha puesto en cada persona.
Acompañar y posibilitar en el niño el descubrimiento y desarrollo de ese llamado para él y para los demás. Acompañar confiando en las potencialidades de cada niño(a), asumiendo los errores como parte del crecimiento, reforzando sus fortalezas y abriéndolo a las propuestas positivas que la cultura nos entrega.
Abiertas a la trascendencia, en búsqueda de Dios, a través de Jesucristo, de María y de su Iglesia. Como colegio Diocesano creemos que la opción de Jesús en nuestras vidas es camino y seguro para la alegría y paz del corazón. Desde el origen de nuestro colegio, nos hemos puesta como gran norte educativo, la pregunta que nos legó el P. Hurtado: ¿Qué haría Cristo en mi lugar?
“No hay nada más personal, más digno de respeto que la vida interior que se forma” P. Hurtado. Creemos que cada uno de nosotros tiene una misión que cumplir, que
Desarrollar. El tener claridad de que estamos llamados a aportar algo distinto y original, nos lleva a ser realmente “emprendedores” para la construcción de un mundo diferente. Nuestra misión no es para nosotros, nuestra CRUZ de cruceños, nos recuerda la unión entre Dios y nosotros y el compromiso con los demás.
Queremos hacer de este mundo, un reino de paz, un reino de amor, un reino donde el más débil es apoyado por el más fuerte, en que el que está triste recibe el amor de sus hermanos, donde la frustración y el fracaso son entendidos como peldaños de crecimiento, de crecer en la conciencia de que la debilidad de uno es la fortaleza del otro y que juntos podemos ser una comunidad de hermanos.
Nuestro colegio nació para ser luz, para ser levadura y sal de la tierra y esa es la fuerza que nos mueve. La verdadera felicidad y la plenitud de vivir, se da desde la realización de nuestra vocación y de nuestra entrega a los demás.